
En los últimos años, la judicatura argentina se enfrenta a una transformación discreta pero profunda: la incorporación de inteligencia artificial (IA) como herramienta de apoyo en la función jurisdiccional, y al mismo tiempo, un compromiso creciente con el lenguaje claro en las resoluciones. Ambos fenómenos plantean desafíos inéditos para los jueces: cómo delegar partes del análisis a algoritmos y, al mismo tiempo, cómo garantizar que su fallo sea comprensible para las personas a las que afecta.
En la provincia de Río Negro, el Poder Judicial ha implementado sistemas de IA que permiten dictar miles de fallos con apoyo automatizado. En uno de sus fueros, se reportaron casi 6.000 resoluciones generadas en parte con modelos de IA, lo que demuestra la magnitud del cambio tecnológico. palabrasdelderecho.com.ar+2Fundar+2 Asimismo, Río Negro aprobó un protocolo de buenas prácticas para el uso de Inteligencia Artificial generativa en el ámbito judicial, fijando principios de gobernanza, transparencia y control humano. pensamientopenal.com.ar En la provincia de La Pampa, por su parte, también se encuentra en marcha la implementación del uso de IA en el Poder Judicial con el objetivo de reducir errores y aumentar la certeza en la toma jurisdiccional. AUNO Abogados
Estos desarrollos muestran que los jueces ya no son solo quienes “dictan el fallo” al final del proceso, sino que pasan a ser supervisores de decisiones asistidas por IA, responsables de incorporar tecnología, de validar resultados y de asegurar la justicia. Pero en ese nuevo rol surge una exigencia ética preexistente: comunicar el fallo de manera que el ciudadano lo entienda.
El movimiento por el lenguaje claro ha ganado terreno en Argentina. Por ejemplo, algunos tribunales han adoptado resoluciones redactadas en términos más accesibles, evitando expresiones arcaicas y fórmulas herméticas. Lenguaje claro y justicia+2scba.gov.ar+2 Esta obligación de claridad se vuelve más relevante en un contexto en que la IA puede generar borradores o sugerencias de fallo; si el documento final no se comunica de modo transparente, pierde legitimidad.
Para el juez, entonces, el desafío es doble. Primero, debe gestionar la complejidad técnica de los algoritmos de IA: ¿qué criterio aplica el modelo?, ¿cuáles son sus datos de entrenamiento?, ¿qué margen de error tiene? Al aceptar la ayuda de la IA, el magistrado asume responsabilidad por el resultado y debe poder explicarlo, justificando cómo lo supervisó. Sin claridad, surge la opacidad.
Segundo, el juez debe asegurarse de que la resolución sea comprensible para su destinatario. No basta con dictar correctamente; el fallo debe leerse por quien lo recibe, para que entienda qué decisión se tomó, por qué, y qué debe hacer. Aquí el lenguaje claro se convierte en herramienta de legitimación democrática.
Un ejemplo concreto: en la provincia de Río Negro, al usar IA para procesos masivos de ejecución fiscal, la velocidad se incrementó, pero también creció la necesidad de que el ciudadano pueda comprender con precisión el requerimiento en su contra, los plazos que corre y los recursos que tiene. El juez supervisa la automatización y además vela porque el escrito sea legible.
En La Pampa, mientras tanto, la implantación de IA en la judicatura coincide con un programa más amplio de modernización digital, lo que exige que los jueces sean también “comunicadores”: la tecnología acelera la resolución, pero la justicia se realiza solo si el destinatario entiende su efecto.
Por esto, podemos afirmar que el rol del juez hoy se bifurca: es técnico-gestor de algoritmos y traductor de la justicia para ciudadanos. La IA le aporta eficiencia y alcance; el lenguaje claro le aporta legitimidad y humanidad.
Conclusión:
La inteligencia artificial no sustituye al juez, lo transforma. Pero la justicia seguirá siendo real solo cuando quienes la reciben puedan entenderla. Los tribunales de Río Negro y La Pampa ya muestran los contornos de ese futuro: fallos más rápidos, sí; pero solo valen si son también más claros. Y ahí el juez debe elegir: delegar la tarea algorítmica, pero asumir la tarea de explicar.
